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La certeza de sentir

Hay tiempos en la vida en que nos encontramos cara a cara con aquello difícil de ver, aquello que es casi imposible abrazar. Pero allí ya estamos. Si tenemos el coraje de detenernos de verdad sólo nos queda descansar en la certeza de sentir. Y es en ese sentir pleno y radical, tan feroz como verdadero que podemos soltar. Y hablo de un soltar que nace en la oscuridad de lo profundo, en la claridad del silencio.

Un soltar que nos permite abrazar nuestra complejidad en la más sencilla presencia. Abrazar aquello que no podíamos ni ver. Y allí, mientras uno y todo se transforma en ese abrazo, podemos por fin descansar en lo que es.
Desde estas verdades tan personales como universales que han nacido en mí en estos tiempos de mirar profundo me animo a compartir este poema que me habla de cerquita en esta noche….y que me habló en tantas otras. Espero que hoy hable y despierte a muchos más.
Es mi deseo que cada uno de nosotros tengamos el coraje de habitar en el silencio, mirar profundo, soltar y descansar en lo que es.

 

ELLA SOLTÓ

Ella soltó. Sin un pensamiento o una palabra, ella soltó.

Soltó el miedo. Soltó los juicios.

Soltó la confluencia de opiniones pululando alrededor de su cabeza.

Soltó el comité de la indecisión en su interior.

Soltó todas las razones “correctas”. Total y completamente, sin dudas ni preocupaciones, ella simplemente soltó.

Ella no le pidió a nadie consejo. Ella no leyó un

libro sobre cómo dejar ir… Ella no buscó en las escrituras.

Ella sólo soltó.

Ella soltó todos los recuerdos que la detenían.

Ella soltó toda la ansiedad que le impedía avanzar.

Ella soltó la planificación y todos los cálculos sobre cómo hacerlo perfectamente.

Ella no prometió dejar ir.

No escribió en su diario al respecto.

Ella no escribió la fecha prevista en su agenda.

Ella no hizo ningún anuncio público ni puso un anuncio en el periódico.

Ella no revisó el informe del tiempo o leyó su horóscopo.

Ella simplemente soltó.

Ella no analizó si debía dejar ir.

No llamó a sus amigos para discutir el asunto.

Ella no hizo un tratamiento espiritual y mental de cinco etapas.

No llamó a la línea de oración.

Ella no pronunció una sola palabra. Ella simplemente soltó.

No había nadie alrededor cuando ocurrió.

No hubo aplausos o felicitaciones.

Nadie le dio las gracias ni la alabó.

Nadie se dio cuenta de nada.

Como una hoja que cae de un árbol, ella sólo soltó.

No hubo ningún esfuerzo. No hubo lucha.

No fue bueno ni malo.

Era lo que era, y es precisamente eso.

En el espacio de dejar ir, dejó que todo sea.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

Una ligera brisa sopló a través de ella.

Y el sol y la luna brillaron eternamente.

Rev. Safire Rose

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