
Lucidez esencial: una base sana que la psicoterapia puede revelar
30/01/26por Lic. María Noel Anchorena
En la práctica clínica nos encontramos con historias de dolor, de desconexión y de lucha, de pérdida y de olvido. Somos testigos de relatos que hablan de lo que no funcionó, de lo que se quebró, de lo que dejó marca y tal vez nunca llegó. A veces estas narrativas aparecen con claridad en quienes consultan y otras veces se filtran de manera más silenciosa en nuestra propia mirada como terapeutas: algo que hay que corregir, reparar, arreglar y responder para solucionar.
Desde la perspectiva que ofrece la psicoterapia contemplativa no se desconocen estas dimensiones, ni se niega el sufrimiento, ni tampoco se pasa por alto la complejidad de la experiencia humana. Sino que en esa complejidad propone ampliar el punto de partida.
Desde este enfoque, la pregunta no es solo qué duele o qué falta, sino también:
¿qué permanece sano, aun en medio de la dificultad?
¿qué dimensión de la experiencia no ha sido dañada por la historia?
¿qué es aquello que se mantiene inalterable en el ser humano?
A eso lo llamamos lucidez esencial.
¿Qué es la lucidez esencial?
La lucidez esencial no es una habilidad que se desarrolla, ni una capacidad o meta a la que solo algunos llegan con práctica. Es una cualidad inherente de la mente, es su naturaleza más básica.
Esta comprensión tiene raíces profundas en la psicología budista en donde se la describe como la verdadera naturaleza de la mente, una capacidad natural de conocer, de darse cuenta, de estar despierta a la experiencia. No es algo que “hacemos”. Es algo que somos, aunque muchas veces no lo reconozcamos ya que esta lucidez puede quedar velada por hábitos mentales, defensas, condicionamientos y las distintas maneras en las que se expresa el sufrimiento. En su esencia esta lucidez no se daña ni se pierde. Es por eso que no necesita ser creada ni fortalecida, sino reconocida y gradualmente liberada de aquello que la oscurece.
La psicoterapia contemplativa toma esta intuición y la traduce a un lenguaje clínico, encarnado y muy respetuoso, invitando al terapeuta a sostener una perspectiva de curiosidad, integridad y salud, incluso frente a los estados mentales más extremos y desafiantes.
Desde aquí, los síntomas dejan de ser la definición total de una persona y se conciben como expresiones de sufrimiento, respuestas aprendidas, intentos de protegerse. Estas manifestaciones de sufrimiento se consideran importantes y se acompañan con validación y compasión, pero no configuran lo único que hay. De esta manera nuestra mirada se amplía y abre un espacio transformador para la integridad oculta que habita en cada persona que acompañamos.
Un cambio en la mirada clínica
Trabajar desde la conciencia de esta lucidez esencial inalterable no implica minimizar el dolor ni “ver lo positivo”.Implica mirar más ampliamente. Acompañar a alguien desde la comprensión de que, aun en medio del caos interno, puede haber pequeños momentos de darse cuenta, de sentir, de estar. Momentos frágiles, a veces breves, pero profundamente significativos.
En la clínica, esto se manifiesta de formas muy simples:
cuando alguien puede notar lo que le pasa sin quedar completamente tomado por ello;
cuando aparece una pausa antes de reaccionar;
cuando el sufrimiento puede ser sostenido con un poco más de amabilidad.
Nada de esto se fuerza, ni se impone ya que la lucidez esencial no se enseña como un contenido. Se reconoce, se cuida, se favorece a través de la relación terapéutica y de la presencia del terapeuta.
La presencia como condición
En psicoterapia contemplativa, la lucidez esencial no es solo algo que le “pasa” al paciente. Está íntimamente ligada a la forma en que el terapeuta está presente. No se trata únicamente de qué decimos o qué técnica utilizamos, sino desde dónde escuchamos, cómo habitamos el silencio, qué calidad de atención ofrecemos, qué cualidad de presencia cultivamos en el encuentro con cada ser humano.
Cuando el espacio terapéutico se vuelve suficientemente seguro, abierto y respetuoso del ritmo de la experiencia de cada persona que llega, ciertas cualidades de la conciencia comienzan a desplegarse de manera natural. Y esto no sucede porque alguien las provoque o las indique, sino porque las condiciones que se despliegan y sostienen, lo permiten.
Una base que no niega la complejidad
Hablar de lucidez esencial no significa desconocer las heridas profundas ni romantizar el sufrimiento.
Significa sostener una comprensión más amplia del ser humano. El dolor es real, las marcas existen, las historias pesan y condicionan la experiencia. Y, al mismo tiempo, no agotan la totalidad de lo que somos. Y en esa perspectiva cultivamos una confianza radical.
Tal vez uno de los aportes más valiosos de la psicoterapia contemplativa sea este recordatorio silencioso: que, incluso en los procesos más difíciles, hay algo en la experiencia que puede despertar, comprender y responder con mayor libertad. No como un ideal, sino como una posibilidad humana básica y universal.
Siento cada vez mas genuinamente que es desde ese reconocimiento —sutil, cuidadoso y profundamente respetuoso— que la psicoterapia puede volverse no sólo eficaz, sino verdaderamente transformadora.
La lucidez esencial es uno de los 4 pilares que sostienen la Psicoterapia Contemplativa. Para conocer todos los pilares te invito a descargar la guía introductoria en el siguiente link:
DESCARGAR LA GUÍA DE LOS PILARES
Estas comprensiones no se agotan en un texto.
Para quienes sienten el deseo de explorarlas con más tiempo, cuerpo y presencia, desde hace 15 años ofrezco espacios de formación donde la psicoterapia contemplativa puede ser practicada y encarnada de manera gradual y cuidada.
No como un saber que se suma, sino como una forma de estar en la clínica.
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